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Descubre la realidad de la esclerosis múltiple (EM) en mujeres negras, abordando la falta de representación, los síntomas, el diagnóstico y la importancia de la investigación inclusiva.
Cuando las palabras “esclerosis múltiple” (EM) resonaron por primera vez en mi vida, me sentí completamente desorientada. Apenas tenía 20 años, una estudiante universitaria brillante con planes de ir a la facultad de derecho, y de repente, me enfrentaba a una enfermedad autoinmune que atacaba mi propio cuerpo. Lo más desconcertante no fue solo el diagnóstico en sí, sino la abrumadora falta de representación. En todo lo que leí, en cada historia que encontré, las mujeres negras, y especialmente las mujeres negras millennials, parecían haber sido borradas de la narrativa. Me pregunté, ¿soy yo la única mujer negra de mi edad que vive con esto? La sociedad ya me cuestiona en tantos aspectos; ¿qué dirán ahora si saben que tengo una enfermedad crónica?
Mi viaje hacia el diagnóstico fue un laberinto de confusión y frustración. Todo comenzó con una visión borrosa en mi ojo izquierdo al final de mi primer año de universidad. Lo que inicialmente parecía una simple necesidad de gafas se convirtió en un torbellino de visitas médicas: desde el centro de salud estudiantil hasta un oftalmólogo y, finalmente, una sala de emergencias. Cada proveedor que me vio estaba tan perplejo como el anterior. Un estudiante de práctica sugirió que solo necesitaba gafas. El oftalmólogo teorizó sobre un “daño reparable del nervio”. Los médicos de la sala de emergencias, ante la falta de respuestas claras, decidieron ingresarme para que un neurólogo investigara más a fondo.
Nunca antes había oído hablar de la esclerosis múltiple. Las explicaciones técnicas del neurólogo, sumadas a su actitud distante, no ayudaron en nada. Me describió los síntomas: fatiga extrema, dolor articular, visión borrosa y la posibilidad de quedar inmovilizada. Para alguien que rara vez se queda sin palabras, este fue uno de los momentos más impactantes de mi vida. Mi madre, al ver mi estado de shock, tomó el primer vuelo disponible para estar a mi lado. Ella hizo la pregunta obvia: “Entonces, ¿tiene esclerosis múltiple o no?”. La respuesta del neurólogo fue un encogimiento de hombros y un “Probablemente no”. En lugar de eso, atribuyó mis síntomas al estrés de la universidad, me recetó esteroides y me envió a casa. ¡Imagínense la decepción y la confusión!
Esta experiencia personal me ha abierto los ojos a las profundas desigualdades dentro de nuestro sistema de salud. He sido testigo de primera mano de cómo los sesgos implícitos de los proveedores médicos, la exclusión de participantes negros y latinos en los ensayos clínicos, y la falta de materiales educativos de salud culturalmente competentes impactan negativamente los resultados de salud de las comunidades de color. Es inaceptable que menos del 2 por ciento de los ensayos clínicos de cáncer financiados por el Instituto Nacional del Cáncer incluyan suficientes participantes de minorías para generar información útil. Esto no es solo una estadística; son vidas reales, son historias silenciadas.
La esclerosis múltiple es una enfermedad autoinmune crónica que afecta el sistema nervioso central. El sistema inmunológico, que normalmente protege el cuerpo contra invasores extraños, ataca por error la mielina, la capa protectora que rodea las fibras nerviosas. Cuando esta mielina se daña o se destruye, la comunicación entre el cerebro y el resto del cuerpo se interrumpe, lo que lleva a una amplia gama de síntomas.
Lo preocupante es que la EM parece afectar desproporcionadamente a las mujeres negras. Los estudios sugieren que, si bien las mujeres blancas pueden ser diagnosticadas con mayor frecuencia en general, las mujeres negras a menudo experimentan formas más agresivas de la enfermedad y pueden enfrentar mayores desafíos en el diagnóstico y tratamiento. La falta de investigación centrada en esta población específica significa que todavía sabemos relativamente poco sobre por qué ocurre esta disparidad y cómo abordarla de manera efectiva.
Los síntomas de la EM varían enormemente de una persona a otra y pueden aparecer y desaparecer. Algunos de los más comunes incluyen:
Es importante recordar que no todas las personas con EM experimentarán todos estos síntomas, y la gravedad puede variar mucho.
La causa exacta de la EM aún no se comprende completamente, pero se cree que es una combinación de factores genéticos y ambientales. No es una enfermedad hereditaria en el sentido tradicional, pero tener un familiar cercano con EM aumenta ligeramente el riesgo.
Los factores de riesgo conocidos incluyen:
Diagnosticar la EM puede ser un proceso largo y complejo. No existe una única prueba que confirme la enfermedad. El diagnóstico se basa en:
El neurólogo buscará evidencia de daño en diferentes partes del sistema nervioso central en diferentes momentos. Esta
Overall, early action and medically verified advice remain the safest approach.
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